Días de Vino y Rosas

Henry Mancini – Baby Elephant Walk

Anda descalza por casa dando saltitos sobre el parqué, con una sonrisa de oreja a oreja, canturreando, y poniendo colorado a su chico cuando le mira, el pobre no consigue olvidar la noche pasada y ella lo sabe…

Ella busca algo que ponerse y prueba a quitarse la parte de arriba del pijama, dejando que el pecho aflore a la vista y los vecinos puedan verla desde la ventana. (¿Que pasa cotillas? Piensa ella, nunca habías visto nada tan bonito verdad, pues dejar ya de mirarme o vuestras mujeres van a terminar enfadándose) Dice riendo para si misma, y sigue a lo suyo, buscando algo bonito que ponerse en algún cajón del armario.

Sobre la mesa él juega con un lápiz sobre las hojas del periódico, un café a medio tomar humea sobre la mesa, le esta costando mas de lo normal concentrarse en leer las noticias del día, por mucho que trata de fijar su mirada en la sección de política, algo “políticamente incorrecto”, pero muy sugerente… danza a su alrededor convirtiendo las paginas de sucesos en simples miradas ausentes.

Ella ríe ante su voyeur preferido, se acerca y deja caer en su frente un dulce y delicado beso.

Cuanto mas colorado se pone él, mas divertido lo encuentra ella.

Tras correr las cortinas del salón, decide ponerse una delicada y finísima camiseta sin nada debajo, pasa junto al sofá y pregunta…

- ¿Que tal me ves cariño?.

Es inevitable, ella se esta divirtiendo y él araña con sus dedos el reposa brazos intentando desviar la mirada de la transparencia de su camiseta, al brillo divertido de sus ojos.

- Estas maravillosa mi vida.

- Lo se. – Dice ella con una picara sonrisa .

El ha pasado de colorado a un ligero morado que empieza a calentarle las orejas. Respira… sonríe para si mismo… y trata de re-emprender la lectura. Pero en ese mismo instante… Cuando parecía a punto de lograrlo, vuelve al ataque la dama, esta vez sin el pantalón del pijama, con solo un precioso culote disimulando sus partes mas intimas y dejando a la vista ese culito que a el tanto le gusta.

- ¿Has visto mi chándal de cuadros cariño?

- Lo siento, pero hace un buen rato que no consigo ver nada con claridad.

Ella ríe a carcajadas ante la atenta mirada de su joven compañero.

- Es igual, entonces me quedo así, que hace calor y seguro que no te molesta.

Sin mediar palabra, bebe de un sorbo el café, quemándose la lengua pero sin decir ni ay!, se lanza directo a la salvación de la ducha. Abre el grifo, se quita el pijama, enciende el toallero junto a la mampara para calentar su toalla y se introduce dentro cuando el agua esta lo suficientemente caliente. El cristal de la mampara se empaña, y es en ese momento, cuando parece que por fin puede estar un poco tranquilo, intentando centrarse, algo llama suavemente al cristal…

- ¿Se puede?

- Adelante…

Sin molestarse en quitarse la camiseta ni el culote, ella se mete en la ducha. Sus pechos se ven maravillosos bajo la mojada prenda, y su pelo mojado le da un aspecto salvaje e insinuante. Se acerca aun mas a él, le mira a los ojos y dice.

Cariño…

estoy embarazada…

(A veces las cosas, no son lo que parecen… jejeje)

Por Ardura Llerandi

34 veces 84

Sabor de Amor – Danza invisible

Si sumo 34 veces 84. El resultado es igual a la colección de besos que nos hemos dado.

Si sumo 34 veces 84 hallare la cifra de cada suspiro por ti dado.

El equivalente de sumar 34 veces 84 nos da la cifra exacta de minutos al día en ti pensando.

34 veces 84, todo ello por veinte multiplicado, los compases y latidos de mi corazón enamorado.

Piezas musicales donde contigo me siento identificado, son a la vez 34 veces 84.

Solo son números, no busques su significado.

Tan solo son 34 veces 84.

Entre las estrellas.

BSO – StarDust – Take That

 

En algún momento,

en algún lugar,

mirare hacia el cielo.

Y entre toda la inmensidad,

tu mirada y la mía,

en algún momento y en algún lugar,

tu mirada y la mía…

Se encontraran.

 

Ardura Llerandi

El sol y la estrella.

Allison Crowe – Hallelujah

En una lejana constelación, un brillante sol intenta consolar a una estrella que se apaga.

- ¿Que te pasa amiga estrella?,¿Que te aflige? – Pregunta el gran astro solar.

- Estoy triste, triste por que mi luz se apaga, por que estoy dejando de brillar con la fuerza que lo hacia antaño.

Los alargados rayos solares abrazaban a la pequeña estrella dándole calor, manteniendo su luz viva por unos minutos antes de desaparecer en el infinito espacio para siempre.

- No me dejes ir, no quiero alejarme de tu calor, porfavor, déjame estar a tu lado por siempre.

- Pero podría quemarte mi amor, deberías alejarte de mi, podrías morir en mis brazos.

- Que así sea. Que la llama de tu amor, me queme por dentro, que tu aura brillante me funda en un beso mágico, que el tiempo me arrastre a tu interior y me consuma con tu cuerpo etéreo.

Entonces el sol se fundió con la estrella, y su luz creció con mas fuerza, llegando su luz y calor mas lejos que nunca.

 

Ardura Llerandi…

 

Milagro

Enya – Only Time

Todas las historias tienen un principio y un final. Todas salvo una. La historia de Lucas.

Todo era demasiado tranquilo en la vida de Lucas, cada día seguía un compás constante con un orden preestablecido. Se levantaba, se duchaba, desayunaba lo suficiente para mantenerse despierto todo el día. Y se dirigía a su tedioso y repetitivo trabajo en la fabrica. Buñuelos para su pequeño recreo, unas hojas de la prensa nacional, y vuelta a la cadena. Un par de horas entre apestosos gases y aceites industriales, y retorno a casa.

Con la única compañía de un gato esperándole a la entrada, meneando su peluda cola al compás de sus pasos hacia la puerta de la nevera.

Así pasaban los años… Las horas dejándose caer como pétalos de margarita. Y Lucas devorado por una monotonía imperecedera. Día tras día, mes tras mes. Pasaban lo años y nada cambiaba en su entorno, solo perturbado, por una llamada materna de preocupación.

- ¿Como estas hijo mio?.

- Bien madre, como siempre. – Era lo respuesta predefinida por su inconsciente.

Un día mientras Lucas dormía en su cama, Lucero, su gato, acudió a su almohada. Lucas no cabía en su asombro. Hacia ya tantos años que ya no recordaba la sensación de cariño de su viejo animal. Tras pasear su hocico por la barbilla de Lucas. Lucero se quedo sentado. Mirándole atentamente. Y comenzó a hablar.

- No quiero que te asustes, – Asintió su gato, pasando su peluda pata por los labios de Lucas para tranquilizar el grito de asombro que estaba a punto de producirse.

- Tengo poco tiempo para hablarte, lo primero, me gustaría despedirme. ¿Cuanto tiempo llevamos juntos conviviendo viejo amigo? – Pregunto Lucero.

Lucas sin preocuparse de que en realidad hablaba con un gato, contesto con tranquilidad.

- Unos quince años, creo.

- Quince años… ! Caray, para mi han sido muchos mas, aunque eso ya carece de importancia. Bueno. Lucas, llego mi final, estoy viejo, ya lo sabes… El veterinario te aviso hace unos meses, que no pasaría de estas navidades. – Ojala no fuera así, sabes que me gusta disfrutar esas cabezas de langostino, muchísimo.

- La cuestión es, que no me gustaría irme dejando las cosas de esta manera. Sabes!. Te he estado observando estos últimos años de mi existencia. – Exclamo Lucero paseando sobre su estomago. – Y no pienso irme dejando que todo siga igual. ¿Comprendes?

En la mirada de Lucas se fijo una imagen del pasado, un niño normal, que corría por los bosques de su pueblo natal al norte de España. Jugaba y era feliz. Compartía besos escondido entre las verdes praderas con jovencitas de su edad. Y reía con sus primos y amigos, bañándose en los ríos de la montaña. Añoraba tanto, aquella vida.

- A eso me refiero. – Espeto su amigo felino. – Todos estos años, has sido una persona desgraciada, te has conformado con lo que te iba llegando, esas pequeñas migajas que te caían del cielo. Nunca mas has vuelto a recibir el cariño de una mujer, ni has podido entregárselo a ninguna otra persona, salvo a tu madre o a mi!.

Lucero salto hacia la ventana, y como en muchas otras ocasiones, empujo con sus dos patas delanteras el marco para poder dejar la misma entreabierta. Giro su pequeña cabeza de orejas puntiagudas una vez mas y con voz dulce mirando a su viejo amigo le dijo.

- Es hora de que yo me valla, esta ha sido mi forma de devolverte todo el cariño que me has entregado. Cuando mañana te despiertes, tu vida cambiara para siempre. Se que me echaras de menos. Pero confía en mi. Tienes mucho que hacer de ahora en adelante. – Descansa, mañana sera un largo día.

Lucero, de un salto cruzo el umbral de la ventana y desapareció entre las sombras.

Pasado un buen rato el cansancio y las lágrimas hicieron que Lucas se quedara dormido plácidamente.

A la mañana siguiente, Lucas se levanto tarde, junto a la cama se encontraba el despertador tirado y medio roto en el suelo, pero Lucas no se asusto, decidió que ese día no pensaba ir a trabajar. Tiro el despertador a la basura, y salio en chándal a la calle, sin ni siquiera ducharse.

Tras correr un buen rato, por el parque que había junto a su casa. Una visión le llamo la atención. Un joven cachorro de Coker Spaniel, ladraba alegremente y daba saltos contra el cristal de un escaparate, anunciándose a posibles compradores con su gracia canina.

Ni siquiera el sabe por que, pero aun se sorprende, cuando alguna persona del parque se acerca enternecida a preguntarle el nombre del pequeño perrito. Y el sonríe por dentro y responde.

Se llama Milagro.

Ardura Llerandi.

El duende del amor

Cirque du soleil – Alegria:

Salta, saltarín, duende bailarín,
atraviesa por donde pisa
las ramas secas que esconden su prisa,
huye por donde salta,

saltarín duende, corriendo baila,
atado a su sonrisa
a donde le lleva la brisa,
salta el duende, salta,

 

solo por el bosque bailarín,
unido al paso de un oso
huye langido y brioso,
abrigando el frió, salta,

 

soñador de lo que ama baila,
corriendo tras un conejo sabroso
sus palmas a un ritmo fatigoso,
evitando el sueño, salta,

 

pues corre presa
del amor que esconde
su ritmo valiente
a su amada lleva
perdiendo la razón
la mente y el sentido
saltarín duende
que todos llevamos dentro!
salta el duende, salta.

Por Ardura Llerandi.

El miedo a la pagina en blanco

The beatles – paper back writer:

Escribir es un proceso arduo, del que muchas veces no adquirimos recompensa ninguna. Los que no la buscan, encuentran en el placer de la escritura toda la gratificación que necesitan. Y es que son pocos los que hoy en día pueden vivir de lo que escriben, al menos de escribir una novela.

La laguna mas grande donde este monstruo vive, es la búsqueda de notoriedad, dinero y fama a través de lo que escribimos. Nos equivocamos en cada párrafo que escribimos para los demás y no para nosotros. Cuando la vista trascribe lo dictado por la mente, caemos en el error de darnos cuenta de que al no gustarnos lo que hemos escrito. Acabaremos cansando nuestro intelecto y las palabras no saldrán al encuentro de nuestro gastado lapicero.

Freud decía, deja que tu mente en blanco de paso a la imaginación.

En pocas palabras, no busques la novela perfecta, el escrito mas bonito, el cuento único, la idea insuperable, muchos otros habrán escrito esa idea, aunque no lo sepas, destrozándola y creando con ella cualquier cosa menos lo que tu buscabas. Deja que tu corazón se abra y escribe. La mano seguirá su trazo como una pluma llevada por el viento. Las palabras desbordaran los folios de tu vitrina, y cuando menos lo esperes, en tu vitrina se encontrara tu obra, a buen recaudo, cuan joya perdida.

Escribir es una terapia para los problemas. Muchas personas diluyen sus penas y tristezas gracias al don de la escritura, tapan la pagina en blanco con sentimientos y emociones indescriptibles para el resto. Usando el don que muchos tenemos para mostrar mundos imaginados, cuentos mágicos y situaciones imposibles. Encontrareis el camino hacia vosotros mismos, donde vuestro yo, os hable en susurros. Captareis la esencia que albergáis como seres humanos. Y podréis trasmitirla al mundo de vuestro puño y letra.

Todo el mundo puede escribir, no hay normas para hacerlo… un ama de casa que no tiene con no demasiado tiempo libre, encontrara en la escritura la satisfacción de aislamiento. Sin renglones, escribiendo en un sucio folio, lo que le venga en gana, obrara el milagro, de acabar con ese monstruo que la vuelve infeliz llamado pagina en blanco…

Por Ardura Llerandi.

La vida al revés

Anoche soñé que nacía, entre bastones delicado y consumido, sin conocimiento alguno, me chupaba los dedos y estiraba mis escuálidas piernas en la cama, nacía con ochenta años. Soñé que mi cuerpo estaba endurecido por el trabajo de muchos años y una larga vida. Acababa de llegar al mundo como un triste anciano, sin entender que me rodeaba, mi cuerpo iba rejuveneciendo y yo aprendía. Por fin, asimilaba las cosas, los objetos, los sentimientos, por fin al cabo de los años cuando tenia unos setenta y ocho años conseguí hablar y llamar a mi madre para que acudiera a mi lado a darme cariño. Le tiraba de sus cabellos rubios y jugaba con sus bonitos pendientes, ella miraba mis arrugas con dulzura y me daba besos y abrazos a todas horas.

Años mas tarde el pelo se me oscureció, se torno negro como el azabache, comencé a alejarme de aquella postura tan aletargada que me vio nacer, abandone los bastones y los cojines cómodos, y acudía junto con otros abuelos como yo a clases, donde una profesora muy bajita y con voz muy aguda me daba la lección a diario.

Aprendía rápido, comenzaba a vivir con dinamismo, corría y saltaba, recuperaba la movilidad de todos mis músculos, acudía a gimnasia con mis sesenta años dando saltos en el potro, mi corazón latía rápidamente alocado.

Pasaron los años, y mi cuerpo fue reduciéndose, trabaje duro desde que cumplí cincuenta años. Encontré en la madurez de los cuarenta y cinco mi primer gran amor y me case. Vivía en una bonita casa con muchos arboles y animales de todo tipo. Pasaban los años y cada vez me encontraba mas feliz, cada día que dejaba atrás yo era mas joven, cada minuto vivido mas lindo, y los problema pasados iban quedando en el olvido. Dejando solo lugar ya para los buenos recuerdos.

Llegue a los quince años de la mano de mi amada, jugaba con ella en las praderas, corría junto a los caballos y cuando cumplí seis años… Nació mi nieto.

Tenia ochenta años, todos estábamos junto a su cama en nuestra vieja casita del monte. Yo apenas podía verle, no llegaba a los barrotes de la cuna, daba saltos llamando la atención de mis hijos, para que me auparan a su vera…

Al final de mi sueño, recuerdo que era muy, muy feliz, recuerdo que desde mi pequeña cunita, podía ver a mi alrededor luces y colores dispares. Notaba caricias sobre mi delicada y suave piel, y al despertarme sentí.. que me quedaba dormido.

Ahora que estoy despierto pienso… Que la vida esta en realidad mal hecha. La vida esta al revés.

 

Ardura Llerandi.

 

En un banco de piedra en la Casa de Campo. Una anciana ha dejado una nota…

Hevia y Carlos Maso – Ausencia:

Recuerdo cada gota de lluvia caída en mi frente, recibida por mi cuerpo con jubilo.

Hoy ya catorce años, sin sentir su humedad, sus sombras montañosas. Son tantos los motivos para echarse a llorar. Recordar la fresca brisa marina, esa vista al infinito a su inmenso azul lejano.

Y es que son tantos los que habéis dejado el corazón en vuestra tierra, solo el espíritu os mantiene en pie, espíritu y esperanza de volver algún día a caminar por aquellos adoquines sucios. Volver a escuchar los gallos cada mañana. Ese ruido producido por el silencio.

Ahora en Madrid, el cielo es rosado, esta triste. Se siente como él gran orfanato de España. Donde cada día millones de almas se mueven en un inmenso avispero. Zumbando ajenas al resto. Sin saludos al bajarse del autobús. Solo dejando pasar el tiempo. Soñando con una vida mejor.

Un momento de felicidad, cuando los ojos se cierran, dejando paso al olfato que busca aquel añejo olor a musgo. Que triste engaño. Pues lo que mi nariz percibe, es humo y cansancio. Todo ello mezclado con la tristeza que desprende esta bonita ciudad, un rico ecosistema de múltiples culturas se han adaptado a Madrid.

¡Le debo tanto a esta ciudad!, de su mano vino mi amor, momentos mágicos y auténticos viví en sus calles. Reconozco cada palmo de esta vetusta ciudad como el ojal de mi blusa.

Mi bello Madrid, quiero despedirme de ti como amante. Con un gesto de mi viejo abanico te digo adiós y hasta siempre.

La maleta esta lista, vuelvo a casa, mi tierra me espera, como una madre a la vuelta de un hijo a sus brazos. Mi bella tierra, la he echado tanto de menos durante todos estos largos años. Dejarme morir en su fertilidad. ASTURIAS!

Dedicado a la memoria de todas aquellas personas, que han tenido que dejar su amada tierra para seguir con paso firme en la vida. Solo cerrando los ojos y soñando, podréis recorrer aquellos viejos adoquines.

Por Ardura Llerandi.

Mi definición de vida

En todos mis escritos acompañare la lectura con una bonita canción.

Hanna – Comencé a ser fuerte:

Camino o sucesión, transito, estado que nos acerca a nosotros mismos, nos aleja de la irrealidad, y nos convierte en sus esclavos incondicionales. Quienes somos… de donde venimos, a que hemos venido al mundo, cual es nuestra meta como seres vivos, que nos define y nos diferencia de animales y plantas. Nuestra forma de “vivir”, se sentir, de amar, de luchar por algo, o dejarnos llevar por la corriente del tiempo. Sin luchar por nada, ahogándonos en el olvido, vagando por ella como almas errantes. Quizá un rayo de sol que se abre entre las nubes, que nos deja su cálida caricia como recuerdo. La forma definible de “vida” como estado de animo, que nos lleva a la euforia, o nos hunde en la miseria, como en su pureza nos eleva en un beso o a su defecto nos entierra en el polvo de la desesperación. Nadie la controla, ni la limita, su ritmo no varía a nuestro antojo, ella delimita sus acciones con un verbo superlativo. Ella libera o enreda. Siempre poniéndose trabas, algunas insuperables para nosotros. Nos gira sin miedo a rompernos por dentro, a la velocidad que le antoja su fuero. La vida es el roció de la mañana, que con el sol se seca y por la noche florece y nos hace crecer por dentro como a una planta.

Por Ardura Llerandi